En 2017 España superó por primera vez la barrera de los 1.000 millones de euros de financiación para startups, lo que nos posiciona como cuarto país europeo en volumen de financiación solo por detrás de Reino Unido, Francia y Alemania. Sin embargo, según el reciente Mapa del Emprendimiento 2017, publicado por South Summit, el El 54% de las startups no consiguió su objetivo y fracasó ¿Por qué? Vamos a darte algunas pistas que, tal vez te sirvan de guía si estas pensando en emprender, o ya eres emprendedor/a.

Quizá el primer paso sería plantearnos si somos emprendedores vocacionales o si, por el contrario, el emprendimiento es una “solución” alternativa a una situación laboral compleja.

En el primero de los casos (el emprendedor/a) vocacional, el primer desafío a superar es dominar el ego. Podríamos resumirlo en el “Efecto Steve Jobs”: Ese concepto de creerse un genio y estar convencido de tener una solución que asombrará al mundo solo funciona si se conjuga con la capacidad de escuchar al mercado y a nuestro equipo de trabajo. En muchas ocasiones los emprendedores sienten tanta pasión por SU IDEA que se olvidan de contrastar si ese entusiasmo es generalizado. En este sentido cabría preguntarse ¿De verdad nuestro producto o servicio soluciona un problema o cubre una necesidad? ¿Es perfecto tal y como lo hemos concebido, o deberíamos adaptarlo? Y aquí enlazaríamos con otro punto clave ¿Nuestro objetivo es crear una empresa, o ganar millones vendiendo una startup? Porque, en el segundo caso, las dificultades para triunfar se multiplican. Generalmente el mercado tiene olfato para lo auténtico y lo original, por eso triunfaron Facebook o Apple en su momento, por eso no es fácil generar “copias”. Lo esencial a la hora de poner en marcha una startup, grande o pequeña, es dar con una idea que nos motive y nos ilusione, sí, pero, sobre todo, algo que nos sirva. Que sea útil. Si nosotros mismos no usamos nuestro producto o servicio ¿cómo esperamos que el mundo se enamore de él?  El tercer punto vital, para crear una startup competitiva es el equipo: podríamos resumir este punto con una frase sencilla: Tu equipo no puede ser de segunda si quieres jugar en primera. La lógica escasez de recursos hace imprescindible contar con profesionales capaces de ser resolutivos y tremendamente flexibles en cada área. Y, por extraño que parezca, al tratarse de equipos pequeños y generalmente muy exigidos, la comunicación interna juega un papel fundamental para evitar conflictos y no generar desconfianza.

Si, en cambio, el emprendimiento es una alternativa personal o profesional ante un momento vital concreto, los errores que pueden llevarnos al fracaso tienen más que ver con la falta de planificación, con la incertidumbre de no saber a qué vamos a enfrentarnos, o de no disponer de los recursos necesarios para abordar el desafío que supone poner en marcha un negocio. Para Juan Ramón Gómez, periodista especializado en Emprendimiento “Una startup fracasa por muchas razones. A veces coinciden varias, y otras veces con una es suficiente para dar al traste con tu proyecto. La primera de todas es la falta de convencimiento, porque, aunque parezca mentira, mucha gente emprende obligada por las circunstancias y, en cuanto ven una oportunidad de volver al trabajo por cuenta ajena, dejan olvidado su proyecto hasta que muere. Aquí también hay falta de constancia, al fin y al cabo no se trata de proyectos que vengan a cubrir una necesidad detectada en el mercado, sino la necesidad específica de un empleo de una persona que en realidad no quiere emprender. Más grave me parece otra razón demasiado común, y es la falta de planificación. Muchas personas emprenden con pasión, convencidas de las bondades de su idea, pero sin pararse a redactar un plan de negocio, que es una herramienta fundamental para marcar el camino que va a seguir la empresa a lo largo de sus primeros años de vida. Suelen ser personas que tienen todo muy medido en su cabeza, pero no se han parado a estudiar el mercado, la competencia, el interés de su potencial consumidor… Y saber escuchar es primordial cuando tienes clientes, o quieres tenerlos”.

“La falta de un estudio de mercado, como ya he adelantado, es otra razón evidente, porque es la herramienta que sirve no sólo para ver qué competidores va a tener un proyecto sino cuál es el mejor público potencial e incluso qué precio le debes poner a tu producto o servicio para que funcione. A veces, una idea muy buena puede fracasar simplemente por lanzarla en un momento inoportuno”.

“Tanto la carencia como el exceso pueden ser enemigos de una startup. El crecimiento debe estar dimensionado para poder asumirlo. Que tu producto guste en muchos países no significa que debas llegar a ellos hasta que tengas asegurada una capacidad de producción suficiente. Y cada crecimiento se debe incluir en el plan de negocio, una herramienta viva que sirve para analizar si la inversión que vas a hacer va a haber retorno. La financiación, por supuesto, es fundamental no sólo para empezar sino para crecer, y a veces las startups se obsesionan con hacer rondas de inversión en momentos en los que deberían pararse a pensar y afianzar la base de la empresa antes de capitalizarla por encima de la realidad. Y puedo seguir, porque cada negocio tiene su talón de Aquiles. Escoger mal a los socios, formar un equipo descompensado, o con gente tóxica, no estar cerca de los clientes, no saber manejar los recursos de marketing para mantener el vínculo con el mercado, no saber delegar… Saber que no hay garantías y estar mentalizado para afrontar los retos son claves para alcanzar la consolidación”.

En definitiva, emprender es un desafío apasionante y puede ser el inicio del camino al éxito profesional, siempre que estemos preparados para afrontar los retos que implica y tengamos una capacidad infinita de adaptarnos y escuchar al mercado.

 

Irene R. Aseijas – LiveNmore