En los últimos meses todo el mundo habla de la Inteligencia Artificial y el cambio de paradigma. Lo que hasta ahora nos parecían anécdotas de un futuro aún remoto (coches auto pilotados de Tesla, pruebas de robot soldados de Boston Dynamics) empieza a convertirse en un rumor constante que no deja de crecer. La IA ha llegado para quedarse y su impacto en el mercado laboral, en los próximos años puede suponer un cambio de paradigma aún mayor del que vivimos durante la Revolución Industrial.

Sin ir más lejos, el pasado mes de diciembre PWC daba estos datos “La cuarta revolución industrial ya está en marcha y se espera que para 2025, la cifra de empleos que serán remplazados por agentes informáticos, ascienda a 140 millones de trabajos”.

El boot parece posicionarse como empleado productivo. Un empleado que no coge la gripe, no pide aumento de salario, ni disfruta de bajas maternales/paternales.

Así que nuestra pregunta es: Humanos ¿Estamos realmente preparados para un cambio global de modelo productivo? ¿Cómo vamos a adaptarnos?

Hemos querido conocer las opinión a este respecto de dos referentes en el mundo de la tecnología y la IA en España y estas han sido sus respuestas:

Para Eva Astorga, L&D Manager de KPMG Spain, Experta en Tecnología para el aprendizaje Transformación e Innovación, lo primero es no meter toda la IA en el mismo saco “En primer lugar cabe distinguir entre los diferentes niveles de robotización existentes en la actualidad, ya que se suele confundir RPA (automatización de procesos) con machine learning (capacidad de aprendizaje del software) e inteligencia cognitiva (robots capaces de tomar decisiones a partir de datos desestructurados). En cualquier caso, tanto el Digital Labor como las tecnologías que lo impulsan son una oportunidad para las empresas, y no deben contemplarse como una amenaza. La tecnología no sustituye a las personas, sino que mejora e impulsa sus capacidades, haciendo que puedan emplear más tiempo a tareas intelectuales y que aportan valor a las compañías en vez de a otras mecánicas. El proceso de cambio hacia la industria 4.0 y esta convivencia personas-robots es imparable, por lo que la mejor forma de competir con la inteligencia artificial es utilizar la inteligencia natural, es decir, la que tenemos dentro de nuestro cerebro”.

En la misma línea Cristina Aranda, CMO de Intelygenz y Directora y Cofundadora de MujeresTech, apunta que no se puede luchar contra este proceso, la clave es adaptarse, y hacerlo cuanto antes, como ya hemos sido capaces de hacer en el pasado: “La única manera realmente efectiva de competir con la IA es , sencillamente, usarla o aprender a usarla. Retrocedamos en el tiempo, a finales de los 80, e imaginemos esta pregunta en vez de con el concepto “inteligencia artificial” con la palabra “ordenador”. No podemos evitar la risa ¿verdad? porque en muchos trabajos se requiere el uso del hardware y software de los ordenadores. Ahora bien, entiendo el temor a lo nuevo suscitado por la inteligencia artificial, muchas veces exagerado por los medios pero va a generar más empleos que destruir. Vivimos en plena revolución industrial centrada en el uso de la tecnología y este uso implica una “obsolescencia formativa”, esto es, que con el abaratamiento de costes de determinadas tecnologías y su impacto social y/o económico requiera de personas en continuo proceso de des-aprendizaje y aprendizaje así como de fácil adaptación al cambio o diferentes equipos y proyectos. Por eso mi consejo es siempre el mismo “nunca dejes de aprender y siempre aplica o sírvete de tus competencias y experiencia previa siempre”. En el sector digital tenemos sitio todos los perfiles, de humanidades y de ciencias. Quizás esto es lo que lo hace más atractivo: el encuentro de muchas disciplinas en pro de hacer una vida mejor.

Y es que, además, los humanos partimos aún con cierta posición de ventajas respecto a nuestra “creación”. Especialmente en lo relativo a eso tan intangible y tan trascedente, que conocemos como Talento Humano.

Para Eva Astorga, hay habilidades que todavía no son replicables en el mundo de la inteligencia artificial “Los robots son capaces de emular ciertas hard skills, mientras que las soft skills son puramente humanas. Existe cierta “obsesión” por la búsqueda y atracción de perfiles STEM en las empresas cuando lo lógico y necesario es la creación de equipos cross multidiscipinares en los que colaboren personas diversas. La automatización y la incorporación de la inteligencia artificial a casi todos los ámbitos de nuestras relaciones personales y laborales en los próximos años va a requerir de perfiles humanistas que entrenen y “mentoricen” dichas tecnologías para hacerlas más humanas. Esto no es algo del futuro. Muchas empresas como Facebook, Tesla, Microsoft y Google están incorporando a este tipo de licenciados en sus plantillas. En el caso concreto de Google, un equipo mixto de perfiles STEM y sociólogos y humanistas colaboran de modo que “el trabajo común hace que el resultado tenga lo más empírico del dato y lo más racional de los trabajadores”, según explica Javier Martín, director de RR.HH. de Google España “Preservar la esencia las humanidades es lo que nos permitirá seguir siendo humanos en un futuro en el que conviviremos con máquinas creadas a nuestra imagen y semejanza. Por lo tanto, es el momento de decidir qué tipo de criaturas queremos modelar”.

En la misma línea, Cristina Aranda, resalta el valor humano de las cosas, incluso cuando hablamos de IA “En esta era digital donde las máquinas, gracias a la IA, pueden tomar decisiones por sí mismas, o ayudar a tomarlas, cada vez más se ponen en valor aquellas habilidades y competencias relacionadas con la gestión de equipos, empoderamiento de personas, análisis de consumidores desde el lado humanista de los datos (cualitativo)… Para todo esto se requiere de escucha, empatía, intuición, solidaridad, generosidad, liderazgo (¡¡no jefeo!!!)…, en definitiva, un talento centrado en el desarrollo de las personas y que entiende y usa el ecosistema digital para mejorar y agilizar la metodología de trabajo y la eficiencia de comunicación y rendimiento de los equipos y la empresa o institución. No olvidemos que las personas hacemos grandes a las empresas, sean estas del tamaño o naturaleza que sean. Las marcas, las compañías, deben humanizarse, “personalizarse” como decía Jennifer Aaker, para generar en nosotros una confianza que es lo que mueve la compra, el cierre de una negociación o la fidelización, en definitiva, mover una voluntad ajena y persuadirla para tenerla como aliada, que es lo que hacen, por ejemplo, muchas empresas de software con sus comunidades tecnológicas. Con todo esto, yo apuesto por descartar el “Arte de la guerra” de Sun Tzu como libro de cabecera, y que siguen proponiendo muchas escuelas de negocio, por el “Oráculo manual de Baltasar Gracián o poemarios de Ajo Micropoeta, Machado o Maya Angelou. Tenemos que ser capaces de crear o trabajar en ecosistemas y acabar o salir de los egosistemas para que el talento se sienta feliz, productivo y que aporta un valor que lo hace único. Y eso se mueve con lo emocional y empático”.

Así que parece que, si existe un modo de adaptarnos a esta nueva era que va a revolucionar los modelos productivos hasta fronteras que todavía nos resultan inimaginables, no es otro que volver a la esencia básica de nuestro ser: nuestra capacidad de adaptarnos de manera continua a todo aquello que nos rodea. Tal vez, en definitiva, lo que ahora llamamos la nueva era de la IA no sea sino la era de la Reinvención del Talento Humano.

 

Irene R. Aseijas – LiveNmore