En una de las mejores escenas de la película norteamericana “Up in the Air”,(2010), un atractivo ejecutivo llamado Ryan Bringhman, interpretado por la  estrella de Hollywood     George Clooney, celebra una reunión junto con  su nueva  compañera de trabajo –Natalie, a quien da vida Anna Kendrick-en la que tratan de convencer a un  ejecutivo senior  para que firme los papeles de su despido.

Ryan se dedica a viajar por el mundo despidiendo a empleados de diversas empresas y realizando recortes salariales para aligerar gastos. El ejecutivo afectado en cuestión , como era previsible,  se resiste, se revuelve, les cuestiona y hasta se enfada con los modos y la aproximación a tan sensible tema por parte de la compañera de Ryan. Le atemoriza , sobre todo, perder su nivel económico, su prestigio, su estatus. Todas ello, por otro lado,  lógico y humano.

Y  es entonces, en el momento en el que la reunión  parece torcerse definitivamente y hacer casi imposible conseguir el “sÍ” del  desafiante Bob, que así se llama el hombre , cuando un astuto, experimentado, algo cínico  y manipulador Ryan le suelta: “Bob, cuando ingresó en esta empresa, ¿cuánto le pagaron para que renunciara a sus sueños?….yo veo a gente como usted, que fichan en sus empresas día tras día  para entrar y para salir…y que nunca tienen un momento de felicidad”

La felicidad…

Quiero ligar ese sentimiento de felicidad laboral con uno de los temas más recurrentes en estos mundos del management donde nos movemos , el de las “cualidades o competencias del empleado del futuro”.

Porque creo que solamente si alguien se encuentra en un entorno que le genere al menos cierta felicidad profesional, esas cualidades podrán salir a la luz. Y no voy a soltaros frases del tipo:..“Hoy en día, en este entorno globalizado, complejo y altamente interconectado, no basta con la inteligencia y visión del líder, se necesitan equipos profesionales de alto rendimiento cuyas aportaciones colectivas sumen más  que las individuales”.Frases que pueden estar muy bien, pero ya están muy leídas.

No.Yo os voy a dejar mi modesta opinión sobre el tema, pero voy a intentar huir del tópico, y , por si os sirve de algo, sí que voy a recurrir a la experiencia.  Y voy a hablar brevemente de eso, precisamente de ser felices, y de ser felices en el trabajo  Si contamos con personas que puedan llegar a ser felices en su trabajo, es muy probable que la empresa se vea beneficiada por ello, y que al ser felices, muestren sus mejores cualidades

Intentaré, eso sí, ir a lo esencial. Cuando hablamos de cualidades esenciales de los empleados del futuro, para empezar, personalmente no puedo adelantar mucho sobre cómo va a ser el futuro, porque no lo sé, y ni siquiera me atrevería a decir o afirmar que esté seguro que en ese “futuro” habrá empleados. Lo que sí intuyo, y ahí espero no equivocarme, es que en ese “futuro” habrá personas.

Y probablemente esas personas se unirán de forma más o menos estable a otras personas con un objetivo común compartido, en el que la rentabilidad y crear riqueza tendrán sin duda un peso importante.Eso es más o menos lo que hoy llamaríamos una empresa.

Pues bien.Cómo podrán contribuir las personas de forma más instrumental y sostenible a ese común objetivo?

En mi opinión, siendo felices haciendo lo que hacen en ese proyecto humano común que se llama empresa, o al menos, siendo lo menos infelices posible.Sea la empresa que seda, de cualquier sector, rama o tipo de actividad.

Claro, la Felicidad, ese gran concepto filosófico. Ya decía Aristóteles que “el hombre”-y la mujer, añado yo-“feliz, vive bien y obra bien”

Según Andrea Linati, coach de la consultora “Delivering happiness at work”a pesar de que pasamos las tres cuartas partes de nuestra vida en el trabajo, “el 72% de los empleados son infelices en sus empresas”.Lamentablemente, son muchos.

Resumiendo:si uno es feliz en su trabajo, con su trabajo, si uno hace algo en la vida que le puede llegar a hacer feliz,por lo tanto, será más fácil que obre bien, que actúe bien.por lo tanto, debemos pensar, también será más probable que tenga éxito.Ella, o él, sus equipos, y , por ende, su empresa.

He conocido ejecutivos “de éxito “con grandes salarios y compensaciones materiales que no eran felices. Es más, me atrevería a decir que forman parte de ese 72% del que habla nuestra amiga Andrea Linati.

En mi carrera profesional, he podido comprobar en multitud de ocasiones que un salario alto o un puesto de envergadura en un organigrama, con nombre rimbombante en la tarjeta y despacho con ventanas, no produce una satisfacción sostenible.La felicidad que depara un aumento salarial o una promoción no dura más de 2 meses. Personas inteligentes, con buenas cualidades profesionales, pero que no creen en el negocio que gestionan, o en los principios y valores que aquel fomenta, que no se sienten reconocidos, o apreciados, o que reniegan íntimamente del proyecto en el que están embarcados. Todos conocemos algún caso similar.La tensión emocional sustituye a la creativa, el corto plazo vence a la estrategia. El dinero y el status les atrapa, aunque piensan que solo es temporal, pero el tiempo pasa , y nunca se deciden a dar el paso de ser ellos mismos, de hacer algo que de verdad encaje con su forma de entender la vida.

Estos perfiles, en realidad , son los más nocivos a largo plazo para una organización, porque su falta de contrato emocional con la empresa les lleva a ser inseguros, a generar ineficiencias, a ser incoherentes, a no dar buen ejemplo… Y lo curioso es que muchos de ellos florecerían en otro ecosistema  diferente.Esos perfiles nunca proyectan cualidades y competencias valiosas para el conjunto.Viven inseguros. Asustados.

Y a la vez, me he encontrado con personas felices en lo que hacían, cuya felicidad era contagiosa y redundaba en el bien de la organización, en una ecuación perfecta en la que el compromiso del ejecutivo y el de los equipos se retroalimentaba permanentemente.

Cuando trabajé en Inditex, tuve la suerte de pasar unos meses de entrenamiento practico en diversas tiendas del Grupo.

Encontré por todas partes personas comprometidas, dedicadas, con sentimiento de lealtad admirable a la empresa. Recuerdo muy bien, y nunca lo olvidaré, que cuando terminé con mis dos semanas de practicas en Zara en la calle Larios de Malaga, la encargada, una mujer con una dilatada carrera comercial a sus espaldas, me preguntó cómo me había sentido, y después de contarle la buena experiencia que había supuesto estar en su tienda, al despedirnos, y  a modo de reflexión para que me llevara en mi equipaje, me dijo:

“Manuel, tú has tenido la suerte de entrar en una empresa admirable, única y especial.La misma que tuve yo hace más de 30 años cuando empecé en ella como dependienta.Porque yo soy católica y creyente, Manuel, y , solo hay un Dios, pero al lado de Dios, y muy cerquita de Dios, está el señor Ortega”

Creo que sobran los comentarios.

Ser feliz lleva consiste en  creer en un  ideal, saber para qué se trabaja, para quién , tener iniciativa y sentirse querido y apoyado por los jefes, admirar los productos o servicios de la empresa, el proyecto, aprender con los colaboradores, los colegas…

Sí, creo que el empleado, el ejecutivo, el gerente o directiva   del futuro habrá que intentar, primero de todo,  ser feliz con lo que hace.

Si alguien es feliz con lo que hace, si cree en lo que su empresa hace, en su marca, en servir a sus mercados, sus clientes o consumidores con pasión, contará con cualidades que desarrollarán a los demás e impactarán en  el éxito del equipo: Será alguien que creerá en sí mismo/a, estará dispuesto o dispuesta a ver lo mejor en los demás y verá oportunidades donde otros ven problemas. Asumirá responsabilidades, y, muy importante, será una persona positiva.

Y ese es en último término, diría yo-la cualidad más valiosa de un empleado, o más allá, de una persona: ser positivo.

Ser positivo. Un  optimista

Un optimista inteligente.

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artículo de Manuel Rodríguez Aseijas